La lengua no es la realidad,sino que representa la realidad. A veces alguien se empeña en cambiar la lengua pensando que así cambiará la realidad, pero eso se parece mucho a quien intenta retocar la foto de una persona, o un cuadro que la retrate: por mucho que se empeñe en el esfuerzo, el retratado seguirá como está.
Se puede pensar que el idioma es injusto con tal o cual aspecto de la realidad; pero hay que mirarlo en su propia lógica, que no se interfiere con los hechos verdaderos. Es muy probable que un cambio de la realidad origine un cambio en el idioma; pero creemos muy improbable que un cambio en el idioma origine un cambio en la realidad. Hay que retocar nuestra cara, no el espejo. Si nos pintamos un bigote en el espejo, seguiremos sin él en la realidad.
(Álex Grijelmo, La gramática descomplicada)

Me falta contexto para terminar de entender a qué se refería Grijelmo.
En cualquier caso, por si refería al dichoso lenguaje políticamente correcto que nos obliga a decir todos los sustantivos en los dos géneros (para simular que tenemos una sociedad menos machista), diré que estoy totalmente de acuerdo con él.
En el contexto era totalmente gramático, aunque a mí me pareció perfecto para aplicarlo al discurso político ("no hay crisis", "ha disminuido la pobreza", "todo el peso de la ley"...), al lenguaje amoroso (claro que me sigues provocando deseo, sí, después de veinte años, por supuesto) y a cualquier otro rubro. Creemos que al no enunciar las situaciones desaparecemos la realidad, o que al describir panoramas idílicos los estamos construyendo.
Sobre los sustantivos "machistas" y su doblete para "feminizar" ("ciudadanos y ciudadanas", "Pueblo y Puebla"...) ejemplifican a plenitud la "comunicación busca votos" (si las incluyo con un sustantivo que termine en "a", se sentirán más consideradas). O, dicho de otra manera, la gandallez de algunos publicistas y la ignorancia vival de sus clientes.