¿Si no sé bailar y apenas meneo los pies como gallina atarantada, eso me excluye del gozo de la pista de baile?

¿Si soy incapaz de recibir, controlar y tocar, se me negará el gusto de echar una cascarita de vez en cuando?

Creo que el blog es el código de marras (expresa que lo indicado por el adjetivo que acompaña al sustantivo es sobradamente conocido), es una extensión de la personalidad (con todas las petulancias, carencias y mareas necesarias).

“Tampoco sabemos porque hablamos como hablamos, y en la vida cotidiana no nos ponemos a dar instrucciones a nuestra palabras, sino que simplemente laten en nosotros, respiran y huelen. No en vano almacenan, también, como los seres humanos, unos códigos genéticos que las desarrollan y las ensamblan.“ Álex Grijelmo.

Otra neta del mismo Grijelmo:

“Las palabras no se dejan manejar así como así. Ellas tienen (...) sus propias normas. Y quien no las sigue dificulta sus posibilidades de hacerse entender y, por supuesto, de convencer a los demás“.

Aunque los demás es una selección (“nunca confíes en alguien mayor de treinta“, es un ejemplo de esa fragmentación). Así, cada quien se dirige a sus demás, en el código elegido, mutuo.

Por otro lado, me parece muy triste la cacería de frases “mal escritas“ por quienes desean escribir tal como lo hacen (bsos, ns vmos n la tard). El lenguaje es tan vasto, flexible y perdonavidas que permite esto y mil cosas más.

Todo este enredo es a propósito de una propuesta con lema certerísimo: Eres lo que escribes. Eres como escribes.