Mayo con Bolaño
Leo 2666. Me deslumbro página tras página. Qué manera tan cabrona de escribir y, además, multiplicar vertientes en la trama. Estoy enganchado.
11 Mayo 2009
Leo 2666. Me deslumbro página tras página. Qué manera tan cabrona de escribir y, además, multiplicar vertientes en la trama. Estoy enganchado.
20 Julio 2007
Trístima noticia.
La última página de Proceso era imán de la ansiedad cuando anidaba ahí Boogie el aceitoso. Con las caricatura de El Negro el fútbol se volvió mucho más amplio y
divertido de lo imaginado. No hubo mejor maestro de filosofía que Inodoro Pereyra ("... uno se deslumbra con
la mujer linda, se asombra con la inteligente... y se queda con la que
le da pelota").
Además, escribía, y bien, El Negro.
17 Noviembre 2005
He leído “El miedo a los animales” de Enrique Serna, y quedé con ese sentimiento, miedo a los animales. Aclaro, la trama urbana-cantinera-periodística, no tiene relación con el Reino Animal.
3 Noviembre 2005
Leí una entrevista con James Ellroy, donde lo definen como “el perro del demonio de la literatura negra”. Él colabora y se describe como: “El mejor escritor de ficción de los Estados Unidos”. El reportero cierra la descripción: “fue militante a favor de la pena de muerte, cree que Clintón representa la decadencia moral de Estados Unidos. Ha votado a Bush dos veces y apoya la guerra de Irak”.
Desconozco quién es el mejor escritor de ficción de Estados Unidos. En lo que respecta a literatura negra, creo que las historias de Elmore Leonard son mejores que las de Ellroy. Por dar una muestra, prefiero “Jackie Brown” a “La Dalia Negra”.
En materia de diálogos, Leonard me parece inmejorable, a pesar de las traducciones al español españolizado de España. Un ejemplo de “Tú ganas Jack”:
-Lo siento, Jack, pero soy incapaz de dispararte.
-Lo acabas de hacer, me cago en dios.
-Ya me has entendido -replicó Karen.
17 Octubre 2005
Los investigadores entran al Chalé B. Encuentran a dos productores de una filial de la Paramount pictures quemando documentos en la chimenea, mientras Mabel Normand aspirante a convertirse en la gran actriz cómica de Hollywood esculca los cajones, el criado lava los platos en la cocina y sujetos no identificados recorren las habitaciones. La actividad casi borra la presencia de William Desmond Morris, exitoso director de Hollywood que yace muerto en el suelo del estudio. Reporteros, fotógrafos y fisgones abren paso al hombre que se presenta como médico y declara: muerte por hemorragia de estomago, producida por causas naturales. El criado confirma la versión. Una hora después, cuando levantan el cuerpo, descubren un charco de sangre en la alfombra y un orificio de bala en la espalda del difunto. Es 2 de febrero de 1922.
En 1966 King Vidor decide investigar el caso para hacer la película más espectacular de su carrera. Elenco posible: Michael Caine como Taylor, Sandy Dennis como Mabel Normand, Kim Novak como Mary Miles Minter, Bette Davis como Charlotte Shelby. Gloria Swanson asesoraría los diálogos.
En la década del 80, Sidney D. Kirkpatrick decide escribir la biografía de King Vidor, director de más de 50 exitosas películas, en las que habían actuado Charles Chaplin, Lillian Gish, Marion Davies, Douglas Fairbanks, Spencer Tracy, Bette Davis, Clark Gable, Audrey Hepburn y Henry Fonda.
No hubo película, tampoco biografía. Lo que hay es Un reparto de asesinos, novela de Sidney D. Kirkpatrick que recrea la investigación de King Vidor y confirma lo dicho por Herb Dalmas, escritor de novelas policíacas, buscador de fama en Hollywood y asesor de King Vidor durante la investigación:
Cuanto más leo, mejor comprendo porque Chandler afirmó que la única razón para que el caso Taylor fuera un misterio era que nadie se había dedicado a investigarlo a fondo.
Para los cinéfilos antropológicos, hay nombres, nombres y más nombres. Para los que detestan Hollywood, hay motivos enriquecedores. Para los románticos, por supuesto, hay una verídica historia de amor:
-Madame Zaza, ¿qué tengo en la mano?
-Una moneda, profesor La Tour.
17 Octubre 2005
El siguiente párrafo podría ser el bonito arranque de una novela:
“Un comandante de la Procuraduría General de Justicia del Estado de México (PGJEM) asesinó a un policía de la Agencia Federal de Investigación (AFI), un empleado del municipio de Tlalnepantla y un funcionario judicial, y dejó herido a otro agente. Luego, al parecer, se suicidó”.
El argumento podría delinearse así: Todo sucede durante una reunión en la que cinco amigos funcionarios y agentes de diversas corporaciones departen alegremente. Entonces (esto lo declarará el sobreviviente en el hospital), uno de los invitados pide la palabra y anuncia que él no está ahí por gusto (aquí ofende a todos los presentes, diciéndoles sus verdades), sino porque lleva “la encomienda de matar al anfitrión” (le reprocha algo, un terrible secreto). El anfitrión es un ex agente de la PGR que ahora es Comandante de Recuperación de Vehículos Robados de la PGJEM.
Como en el viejo oeste, habría un silencio largo y profundo. Tan largo y profundo (esto le seguirá contando el sobreviviente) que al amenazado le da tiempo de realizar la siguiente acción: “se retiró un momento, regresó con un arma y comenzó a disparar a sus acompañantes”.
¿Quiénes podrían ser sus acompañantes? Un subcomandante de la AFI, el Coordinador de Transporte y Vialidad de Tlalnepantla, un funcionario del juzgado cuarto de lo familiar y el sobreviviente, por supuesto, un agente de la AFI que (para mantener el suspenso durante ciento cuenta páginas) no dice quién fue el invitado que amenazó en falso y, además de todo, se dejó responder sin decir quién le había dado la encomienda de aguar la fiesta.
Casi pirateando aquella novela en la que un narco entrega el teléfono celular a la heroína, advirtiéndole que cuando lo escuché sonar corra veloz porque se acabó lo que se daba, la historia podría empezar con el comandante llamando por teléfono a su ex mujer. Después, ella contará algo parecido a:
A las seis de la mañana recibí una llamada de mi ex pareja, quien me comunicó que acaba de matar a varias personas. Después escuché una detonación, lo que me hace suponer que mi ex compañero se suicidó.
Para mayor misterio, sólo habrá botellas de licor, un billete de doscientos pesos y una sustancia “que presuntamente es cocaína”, aunque esto no lo confirmarán las autoridades hasta después de realizar todos las pruebas científicas que sean necesarias. Eso alimenta unas treinta páginas, mínimo, en las que se habla de tecnología cooperación con el FBI e historia de las grandes equivocaciones provocadas por el método empírico.
Para mayor fortaleza argumental, consultar la nota “Asesina policía mexiquense a agente de la AFI y otros dos funcionarios”, publicada el 16 de octubre de 2005, en la página 25 de La Jornada.
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