Habrá definiciones académicas de pentimento, pero dudo que alguna sea mejor que la escrita por Lilian Hellman para el libro del mismo nombre (muy, pero muy recomendable).
La antigua pintura al óleo, al correr del tiempo, pasa en ocasiones a ser transparente. Cuando esto sucede, es posible, en algunos cuadros, ver los trazos originales: aparecerá un árbol a través del vestido de una mujer, un niño abre paso a un perro, un barco grande ya no se ve en un mar abierto. A esto se le llama PENTIMENTO, porque el pintor se “arrepintió”, cambio de idea. Quizá también sería correcto decir que la primitiva concepción, reemplazada por una referencia posterior, es una manera de ver y luego ver una vez más.
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Cortesía de Manuel Vázquez Montalbán
…
no hay lenguaje sin metáfora
muerte es la metáfora de la nada
no es la vida es la rosa
no es la Historia es el tanque
ni siquiera Praga es Praga
ni siquiera
propiamente
una sinfonía
que sobraba.
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Los memes determinan y portan la carga simbólica de la cultura. Son unidades de información cultural que resguardan las estrategias de vida.
La transmisión oral, la pintura rupestre, el quipu incaico, las tablillas de la antigua Mesopotamia, el alfabeto, la imprenta, la computadora y las redes telemáticas son tecnologías necesarias para producir, conservar y transmitir los memes que la especie necesita para sobrevivir.
(Fuente: Fernando de Sá Souza, “Internet, cultura y creatividad: el desafío del talento en red”).
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En nuestro lenguaje usual se dice corrientemente al hablar de un hombre ante los episodios tragi-cómicos del drama individual, que “carecen de té”. Y se celebra, por el contrario, al esteta gozador, que, indiferente la tragedia mundana, se abandona sin reglas, con toda libertad, a la corriente de sus emociones, diciendo de él que “tiene mucho té”.
Okakura kakuzo, El libro del té.
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Los polinesios están sujetos a un mal que parece proceder de la voluntad más que del cuerpo. Me han dicho que los tahitianos poseen una palabra para designarlo, erimatua, pero no la encuentro en el diccionario. Un gendarme, el señor Noveau, ha visto hombres que llevaban el germen de esta enfermedad, pero él los hacía salir de su casa, los obligaba a trabajar en los caminos y, en dos días quedaban curados. Existe otro remedio aún más original: un marquesiano que se moría de esa languidez quizá fuese mejor decir de esa complacencia, a la vista de su mayor deseo, el ataúd, que era su refugio soñado, regresó de pronto a la vida, sanó, rechazó la mano de la muerte y continuó durante muchos años con sus ocupaciones, tales como tallar tikis (ídolos), o bien trenzando las barbas de los viejos. Por todo ello puede comprenderse con que facilidad acogen a la muerte cuando es natural y llega a su hora. Una vez me explicaron un caso pintoresco y a la vez macabro. Durante la epidemia de viruela en Hapaaa, un anciano cayó enfermo de ella; no tenía ninguna esperanza de curar; hizo abrir su tumba al lado del camino, y vivió dentro de ella durante cerca de quince días, comiendo, bebiendo, fumando, conversando con todos los que pasaban por allí, hablándoles de su fin, tan poco preocupado por su suerte como por la de sus amigos, a los que contagiaba su mal.
(Robert Luis Stevenson, "En los mares del sur")
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